Oración de un ateo al Dios imaginario.
Señor Dios.
Te conocí cuando era muy niño y creí en ti porque fueron mis padres quienes me dijeron que tú eras el padre de todos los hombres. Solía inclinarse fervorosamente ante ti, para hacerte las peticiones que un niño suele hacer. Nunca respondías a mis oraciones… pero eso no tenía ninguna importancia; yo era un niño y tú eras mi padre.
Luego fui educado en un colegio religioso, de aquellos que forman a la gente para dirigir a la otra gente usando el terror y la reverencia hacia ti. Un día, cuando casi era un adolescente, leí un libro del cual se dice fue inspirado por ti. ¡Quede horrorizado!!! La historia de Job –Por ejemplo– me enseño cómo eras tú realmente: Un ser inmensamente vanidoso, cruel, ególatra y despiadado… Igual que nosotros los hombres solemos ser.
…Y entonces comencé a darme cuanta: No eras tú el que nos había creado, nosotros los hombres te habíamos creamos a ti. Al principio te dimos las características del rayo violento y poderoso, de la lluvia que riega nuestros cultivos, fuiste el Dios Sol, la Diosas Luna. Fuiste inmensamente bondadoso o equivalentemente cruel y despiadado… Eras así, tal como somos nosotros los humanos solemos ser… ¡Te hicimos a nuestra imagen y semejanza!!! Al principio fuiste muchos dioses, cada pueblo, cada nación tenía los suyos. Fuiste amable y bonachón como el Inti o como la Pachamama, o fuiste impersonal, vago, mas intelectual que emocional cuando habitaste en los pueblos orientales del planeta… Quizás por eso se dice que la luz viene de allá.
En la Europa que aun no había descubierto América, te impusiste tu, el dios cruel y bondadoso de los judeo cristianos y para mantenerte vigente se encendieron muchas hogueras donde sucumbieron muchos hombres y mujeres que se habían dado cuenta que tu eras un ser imaginario. En la América donde vivo, se exterminaron luego pueblos y estirpes enteras para imponerte y sincretizaron nuestros propios dioses, se borro nuestra historia, se corrompió nuestra memoria.
Un día, sin embargo, descubrí a Cristo, tu hijo, y me di cuenta que él era casi la negación rotunda de su padre, es decir de ti mismo, el ser imaginario cruel y bondadoso al mismo tiempo, que moraba en el antiguo testamento. Esto me desconcertó, como debe desconcertar a muchas personas. Algo debe tener la idea cristiana que ha enamorado a tantos humanos y ha sobrevivido por mas de 20 siglos a la muerte de su inspirador, Cristo.
Tu, Dios, sabes que conozco a muchos ateos que en el fondo continúan siendo cristianos a pesar de su racionalismo e intelectualidad. Esto es absurdo, pero es una realidad. Es que eso de “Amar al prójimo como a uno mismo”… es una tentación intelectual, mas que emocional, en la que muchos racionalistas cayeron, y en la cual continúan atrapados, porque tienen íntimamente la esperanza de que los humanos somos o podríamos ser algo mas que mas que una simple especie biológica de la evolución.
Sin embargo, en la cruda practica, la ley cristiana de “Amar al prójimo como a si mismo” choca brutalmente con nuestra esencia (Darwiniana). Es que el individualismo, la codicia, la competencia por sobrevivir y prevalecer (El capitalismo, dirían algunos utópicos despistados) es lo que ha traído a la especie humana a los actuales niveles de desarrollo cultural y tecnológico y la negación de uno mismo en servicio de la colectividad, es tan solo una rarísima excepción en la conducta humana.
Casi 2.000 años después de tu supuesto nacimiento, después de tu supuesta muerte, inspirados quizás en las palabras: “Amar al prójimo como a ti sismo”, algunos intelectuales ateos, laicos y racionalistas, crearon quiméricas utopías de sociedades comunistas o socialistas de solidaridad, de igualdad, que intentaron hacer funcionar con mucho empeño… ¡Pero fracasaron!, Los hombres te crucificaron en cierto modo por segunda vez.
Hoy somos mas de 6.000.000.000 humanos (!Seis mil millones de habitantes!!!) en este atribulado planeta y ni las guerras permanentes en las que hemos estado enfrascados a lo largo de toda nuestra historia han podido limitar este crecimiento caótico y desordenado. Estamos en la era del antropoceno y a punto de colapsar irremediablemente nuestra ecología… Es que quizás la única ley tuya que hemos cumplido devotamente ha sido: “Dominad y henchid la tierra”… Pero ¿Hasta donde?
Han pasado muchos años desde que el niño que fui se inclinaba ante ti, ¡ese viejo invento de los humanos, que eres!. Han pasado muchos años desde que creí haberte descubierto por segunda vez en forma de tu propio hijo y del que se dice que eres tu mismo en forma humana y que luego asesinaron en una cruz, y al que continuamos asesinando cada día cuando infringimos testarudamente tus anti Darwinianas leyes de solidaridad: “Amaos los unos a los otros”.
Continúo siendo ateo, agnóstico mas bien, pero nunca he perdido el viejo hábito de hablarte a veces, a ti, ser imaginario que enfebreces aun las mentes humanas de todos los tiempos, prueba de ello, son estas palabras que estoy escribiendo ahora.
Amen.