El Che y el tesoro de Atawalpa

Publicado en por blogblabla

Adormecido por el calor intenso, dormitaba yo en el asiento trasero de la vagoneta en la que viajábamos. Como entre sueños escuche el comentario del poeta del grupo; “Si el Che habría tenido dos mil millones de dólares para hacer su revolución, hoy probablemente lo estarían recordando por corrupto, no por heroico”. Su afirmación causo protestas airadas entre los “revolucionarios” del grupo que se enzarzaron en una interminable discusión que logro que me durmiera definitivamente.

 

En mi sueño, era yo uno de los guerrilleros combatientes del Che en Bolivia y me hallaba a cargo de la custodia de un precioso cargamento: Lingotes de oro de los que Francisco Pizarro había robado  a Atawalpa cuando este le entrego una habitación repleta de ornamentos de oro a cambio de su vida...  y  ya sabemos como termino la historia: Pizarro incumplió su promesa, asesino al Inca Atawalpa, fundió los ornamentos de oro, pero por alguna razón que mi onírica historia no cuenta, este oro nunca llego a España… los sueños son así.

 

En la siguiente escena de mi sueño, me veía yo en los suntuosos salones del Banco Central de Bolivia, Kalashnikov en ristre, ingresando el cargamento en las bóvedas de seguridad. Enseguida me encontraba en una lujosísima oficina, certificando un documento que evaluaba el valor del oro en… Si; dos mil millones de dólares. Un personaje simpático con acento argentino tomo el documento y lo metió en la vacía cartuchera de su pistola y se fue a hacer proyectos de desarrollo social a unas cuadras mas arriba, en un palacio que todavía tenia trazas de haber sido quemado... Por tercera vez. Docenas de “revolucionarios”, técnicos, funcionarios de ONG’s, diplomáticos, dirigentes de toda clase de gremios, empresarios, curas y religiosos de toda laya, muchos charlatanes profesionales, unos pocos periodistas, pero sobre todo centenares de ladrones y corruptos, pululaban en las oficinas donde se fraguaba la historia futura de Bolivia: “la Revolución del Che”.

 

La repartija “Socialista” duro bastantes meses, los ministerios de los diferentes rubros de desarrollo se encargaron de despilfarrar la mayor parte, chorros de dinero se fueron por las cloacas de los proyectos de las ONG’s, los corruptos se llevaron la mejor tajada, algunas gotas cayeron a las escuelas y universidades, se hicieron algunos centenares de viviendas… que terminaron generalmente en manos de familiares de la dirección del partido, se hicieron fabricas estatales de muchas cosas, empresas de distribución de alimentos, escuelas, algunos hospitales, se modernizo el armamento del ejercito… Cosas así. Pero la obra estrella fue la construcción de una súper carretera que partía en dos las ultimas reservas de la biodiversidad de la amazonia Boliviana, la cual estimuló a que se esfumaran docenas de especies en extinción y fue la causa indirecta de los múltiples movimientos separatistas que varios pueblos originarios “pluriculturales” iniciaron rompiendo al pais en varios pedazos. Mientras el oro de Manko Kapac se iba nomas, aunque por otros caminos hacia los países del norte. Los “revolucionarios” continuaban discutiendo sesudamente entre ellos y haciendo discursos.

 

Cuando desperté, ya habíamos llegado a destino pero la discusión continuaba. Intenté  relatarles mi sueño, pero me di cuenta que “su discusión” nada mas era un monologo entre ellos, nadie escuchaba a nadie, excepto a si mismos, por tanto nadie me presto atención. Entonces me baje del carro y me fui ir a orinar solitario a un árbol al borde de la carretera, detrás de el, un personaje barbudo con uniforme de guerrillero estaba cavando un hueco suficientemente ancho y profundo como para introducirse horizontalmente, cuando me cerré la bragueta, me sonrió, me entrego la pala, se acomodo en el hueco y me pidió muy amablemente que le echara tierra encima. Ante la surrealista situacion, dude yo si estaba despierto o si aun seguía soñando, pero cuando “los revolucionarios” me quitaron la pala para enterrar apresuradamente a su antiguo incomodo héroe, ya no tuve dudas.

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